Nuestra experiencia Baby-led Weaning

Tiempo de lectura: 7 minutos

Ahora que ya hemos hablado de Baby-led Weaning como filosofía de alimentación, sus ventajas, riesgos e historia (en el primer post, puedes leerlo aquí) y de cuándo y cómo empezar a ponerlo en práctica (en el segundo post, puedes leerlo aquí), es momento de contarles por qué me interesó buscar un método de alimentación diferente al tradicional y cuáles fueron los retos de hacerlo.

*ANTES DE LEER ESTE ARTÍCULO DEBES SABER QUE NO SOY NUTRICIONISTA INFANTIL, HEALTH COACH, NI MUCHO MENOS PEDIATRA. SOY MAMÁ, HE TRATADO DE INFORMARME SOBRE EL TEMA Y HE APLICADO ESTE MÉTODO A MI MANERA CON MI HIJA. CUALQUIER DECISIÓN SOBRE LA ALIMENTACIÓN DE UN BEBÉ DEBE SER TOMADA MUY A CONCIENCIA POR LAS PERSONAS RESPONSABLES DE SU CUIDADO Y CONSULTANDO SIEMPRE A SU PEDIATRA.

Por qué decidí aplicar Baby-led Weaning con mi bebé?

Antes de siquiera saber que existía Baby-led Weaning, empecé a investigar sobre la alimentación de los niños porque había ciertas cosas a mi alrededor que no me convencían del método tradicional.

Mi propia nutrición e historia con la comida

Hay un elemento inherente de los seres humanos que nos hace querer que nuestros hijos sean mejores que nosotros. Desde el momento que supe que estaba embarazada, sentí la responsabilidad de encontrar la manera de que Sofía no tuviera los problemas que yo he tenido. Me refiero a que siempre he sido una picky eater (quisquillosa con la comida) y que a lo largo de mi vida he batallado con el sobrepeso y en un punto hasta con la obesidad. Es muy importante para mí que Sofía no crezca con los mismos problemas, pero tampoco obsesionarla con dietas, peso o su apariencia física. Quiero que tenga una relación saludable con la comida.  

Familia de nuggets y papas fritas

Aunque tengo la familia más maravillosa que conozco y agradezco por ella cada día, siempre me sorprendió que mis papás no hicieron un esfuerzo consciente por expandir nuestro paladar. Ellos eran muy sanos, deportistas y comían de todo, pero si mis hermanas y yo queríamos vivir de carne y puré, de dulces y plátanos fritos con mayonesa o de nuggets y papas fritas, entonces nos dejaban sin problema. Era como esa idea de “aunque sea están comiendo algo.” Por eso la llamo una familia de nuggets y papas fritas. Y debe haber muchas familias así, porque por algo en el menú de niños del 90% de restaurantes uno se encuentra con: nuggets con papas fritas, mac ‘n cheese, salchipapas, milanesa, hamburguesa…

Niños martirizados con la comida

Otra cosa que siempre había visto y que me preocupaba mucho era ver a tantos niños perseguidos por cucharas, haciendo negociaciones a cambio de un bocado más o comiendo un plato de comida en un lapso de 3 horas. Empecé a observar que cuando los niños no tenían una introducción agradable a la comida, esta se volvía un martirio y las pobres mamás terminaban aferrándose a cuanto video, libro, juego y distracción pudieran encontrar para enchufarle una cuchara llena al niño reticente.

Eternas quejas de las mamás de “mi hijo no come”

Ahora que soy mamá entiendo que no hay nada más angustiante que sentir que tu hijo no está bien de una u otra manera. Siempre oía a las mamás en reuniones sociales contar cómo han intentado de todo y su bebé todavía no come. Mi empatía hacia ellas me hacía pensar que 1, ojalá yo tenga más suerte y al mismo tiempo que 2, tiene que haber una manera de enamorar a los niños de la comida sana, buena y variada desde pequeños.

Obsesión mundial con las dietas

Otro aspecto que me hacía querer buscar una alternativa es la epidemia mundial de obesidad y la obsesión por buscar el culpable y la solución; la eterna búsqueda de la dieta perfecta. Aunque hay infinitas teorías, libros y estudios y nadie logra ponerse de acuerdo, siento que el método tradicional de introducción de alimentos de nuestra sociedad no ayuda a mejorar la situación. Empezamos a alimentar a los bebés antes de que estén listos (4 o 5 meses), no entendemos que necesitan menos comida de lo que creemos y les obligamos a comer más (a través del enchufe de la cuchara) y los acostumbramos a comer todo con sal o azúcar y a disfrazar los sabores puros de alimentos que pueden ser tan deliciosos y nutritivos. Cuántas veces no han oído eso de “disfrázale la espinaca con camote para que quede dulcito y le guste” o “ponle panela a la manzana hervida para que no esté ácida” o “una pasta con mantequilla y queso nunca falla”. Desde pequeños los estamos acostumbrando a las comidas muy dulces, muy saladas, muy grasosas. Aunque no haya estudios formales, mi sentido común me dice que por ahí no está la solución…

Por todas estas razones y una vez que investigué y leí sobre Baby-led Weaning, decidí que iba a experimentarlo con Sofía. Les cuento las experiencias más notables de nuestro camino hasta ahora:

Instinto

No sé si instinto es la palabra correcta para definirlo, pero una vez que investigué y decidí practicar Baby-led Weaning, me aferré a mi decisión, a mi instinto de mamá y a mi derecho a ejercerlo. Estaba totalmente convencida de intentar algo nuevo, sin extremismos y haciendo ajustes en el camino, pero siguiendo firme con mi decisión. Esta confianza me ayudó a combatir los retos que se presentaban.

Ignoré a mi pediatra

Hay pediatras para todos los gustos y mamás de todos los estilos, las que deciden seguirlos al 100% y las que solo acuden a ellos por el calendario de vacunas, y todas las in between. Mi pediatra me recomendó empezar la alimentación complementaria a los 4 meses y medio con cereal de arroz, a incorporar un alimento nuevo cada 4 días para prevenir alergias y a complementar su fórmula o leche materna con más cereal de arroz. No le hice caso en ninguna. Para estar tranquila investigué mucho sobre el tema y seguí indicaciones básicas como no miel, no mariscos, no carnes crudas. Mi recomendación NO es que no sigas a tu pediatra, pero sí que tomen una decisión informada y consciente como padres y sepan qué consejos tomar y qué consejos dejar.

El juicio de los demás

Cuando Sofía tenía 6 meses y les contamos a todos que íbamos a hacer esto, mi papá escuchó toda la explicación y la teoría y me respondió “ajá, suena muy lindo y lógico, pero yo no experimentaría con mi hijo, mucho menos con el peligro de que pueda ahogarse y que luego lamentes una tragedia.” BOOM. Inserte sonido de explosión nuclear aquí. Los que me conocen saben que mi papá es una figura omnipotente para mí, es mi gurú, mi ejemplo, mi amigo y tenemos una relación muy especial. De hecho mi papá es el que, sin saberlo, me aconsejó abrir este blog 🙂 Además de esto, es un señor sumamente inteligente, actualizado y moderno (y de los 40 libros que lee al año unos cuantos son de nutrición y sabe bastante del tema), entonces me sorprendió mucho que no se suba al barco. Su juicio me hizo cuestionarme todo, pero justo a esto me refería con mantenerme firme con mi decisión y confiar en mi instinto. Entendí que estoy desarrollando un estilo de crianza diferente al de mis papás, uno menos sobre protector, que está bien y que es mi derecho. (Más sobre esto de tener un estilo de crianza diferente al de nuestros papás en otro post).
Durante los siguiente meses seguimos sintiendo juicios de muchas otras personas, familia y amigos, unas más respetuosas que otras y algunas más directas que otras, pero entre preguntas y comentarios sentíamos el juicio ajeno todo el tiempo.

Abuelos dudosos

Para bien o para mal, vivimos en una sociedad donde muchos abuelos participan (o quieren participar) activamente en la crianza de los nietos. Baby-led Weaning con los abuelos fue un reto, porque aunque sabían lo que estábamos buscando, les costaba mucho ponerlo en práctica. Con la abuela más tradicional fue más difícil. A ella le hacía ilusión sentarse con su nieta a darle cucharadas de la misma sopa y la misma colada que les preparó a sus hijos hace 20 y 30 años. Y yo era la bruja que le impedía esa satisfacción y eso me partía el corazón. Pero más allá de lo que yo quisiera, Sofía no estaba acostumbrada a esas texturas y quería alimentarse ella sola. Después de varias ocasiones de ir a comer a su casa y ver que seguía preparándole sopas licuadas y que nos mentía sobre ponerle sal a la comida (y luego admitía que “solo un poquito para darle gusto”) o que decía que la compota no tenía azúcar (y luego admitía que tenía panela), empecé a evitar las visitas a comer en su casa y empezamos a vernos más en restaurantes o en nuestra casa y evitamos tensiones en esos primeros meses cruciales de establecer la alimentación.
Un año después, todos los abuelos son los más fascinados de que Sofía coma bien, variado, sola y sin drama. Y mi papá es el que más disfruta sentarse con su nieta a comer aceitunas, pistachos y alcachofas juntos y es el primero en contarles a sus amigos sobre la maravilla de comer con Sofía.

Baby-led Weaning nos hacía felices

Fuera de todos estos retos ajenos a nuestra familia núcleo, la parte más importante fue que nos hacía felices a nosotros tres. Las horas de comida en familia se convirtieron en el momento más esperado y alegre del día. Era un momento espectacular de sentarnos a conversar y ver a Sofía aprender, tocar, probar, reírse. Nadie lloraba, nadie rogaba al otro que coma, nadie terminaba frustrado. Todo terminaba muy sucio eso sí, pero hemos disfrutado demasiado el proceso y eso es lo que más recuerdos nos deja.

Si lograron leer este artículo tan largo les agradezco y espero que les agregue valor. ¡Me encantaría saber sus experiencias!

Un abrazo,
Gaby

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