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Ninguna madre es “solo una madre”

Este es un articulo escrito por Nessa Teran para days of darling.

Cuando compartí esta imagen de la ilustradora española Lola Vendetta en la cuenta de Instagram de Soy la Zoila, una mujer dejó un comentario que deja claro que a las mujeres, madres o no madres, jamás nos dejan en paz.

Ella comentó: “Y si tenemos un hijo insisten y presionan con ¿para cuándo la parejita?“.

Es constante el atosigamiento y el cuestionamiento de nuestras decisiones como mujeres, un círculo vicioso agotador:

¿Por qué no quieres tener hijos?

¿Para cuándo el segundo hijo?

¿Por qué tienes tantos hijos?

¿No te da pena no darle un hermanito?

¿No te da pena jamás experimentar lo que se siente ser mamá?

¿No te da pena haber dejado tu carrera para ser mamá?

¿No te da pena haber dejado de trabajar para dedicarte a criar hijos?

 

Estoy por cumplir 30 años y por ahora no me interesa tener hijos y jamás he sentido el “llamado“ de la maternidad. Por eso, cuando Gaby me pidió que escriba un texto para su blog dedicado a la crianza de su hija, su vida de hogar, sus maravillosas recetas, no sabía si podría tender un puente a sus lectoras, o si tenía algo para decirles, porque nunca he estado en sus zapatos. Pero lo cierto es que, sin ser mamá, he vivido rodeada de mujeres que son mamás y que han sentido el mandato social de cómo “debe ser“ la maternidad.

Vivimos un momento importante en el que nos cuestionamos el rol de los padres y las madres en la crianza de los hijos, la división del trabajo en las labores domésticos y la libre determinación de las mujeres, sea cual sea el camino que elijan: la maternidad, la vida profesional o ambas. Es un momento histórico que le debemos a la lucha feminista.

El año pasado, cuando mi pareja y yo decidimos casarnos, envíe un correo electrónico a mis familiares para compartirles mi felicidad. Una tía me contestó: “muy feminista y todo, pero bien que terminaste casada“. Como si el feminismo y el matrimonio fueran conceptos enemigos, irreconciliables. No culpo a mi tía, pues creo que pertenece a una generación en la que el matrimonio y la maternidad eran el destino irrenunciable para todas las mujeres. Y no un matrimonio igualitario, una asociación de dos personas que trabajan juntas para beneficio mutuo con respeto y amor de por medio como la que intento construir con mi esposo. El matrimonio, por muchos años, ha constituido una fuente de desigualdad para las mujeres, una relación sumisa en la que los hombres traían el pan a la casa, y las mujeres lo amasaban. Y ahora estamos cambiando esa relación de poder.

El feminismo no busca dirigir la vida de las mujeres o limitar sus decisiones. Al contrario, lucha para que cada mujer pueda determinar libremente lo que quiere, y respalda esa autonomía, esa libertad.

Mis amigas (muchas de ellas madres) que ven al feminismo con escepticismo tienen miedo a ser juzgadas porque han elegido una vida que, aparentemente, es “anti-feminista“. Han elegido quedarse en casa y criar a sus hijos a tiempo completo. Yo aplaudo y celebro esa decisión, primero, porque representa una de las labores más complejas, generosas y menos retribuidas de la historia; segundo, porque respeto sus decisiones. Pero también pienso que es fundamental que reinventen la manera en la que viven esa decisión. Que se la tome en un clima de total autonomía. Que sus parejas no solo apoyen esa decisión, si no que compartan las labores que vienen con esta. Quiero que las parejas negocien estos temas, los hablen de frente, enuncien con claridad lo que esperan del otro y lo que esperan de si mismos. Que no den por sentado los roles de género, ni permitan que esos roles caducos determinen su dinámica íntima.

Me encanta ver a mis amigas disfrutar de su maternidad a pleno. A pesar de que no es el camino que elegí, amo verlas orgullosas y desbordando felicidad porque su bebé comió su primera papilla.

No me harto del spam de fotos de sus hijos en mis redes (bueno, un poquito), y trato de nunca juzgarlas y ser empática porque se que quizá ya no pueden emborracharse conmigo un miércoles cualquiera, ya que tienen que cuidar a otro ser humano al día siguiente. Admiro su disciplina, su amor y su entrega absoluta, pero me alegro cuando su identidad no se limita a la maternidad.

Mi mamá jamás vio a la maternidad como su razón de ser. Ser madre es solo un aspecto más de su vida adulta. Un aspecto importante, sin duda, y quizá el que más tiempo le ha exigido, pero hay muchas otras facetas que la hacen una mujer compleja, que es la impresión que ha dejado en mi: artista, trabajadora de mil oficios, cocinera, comediante, joyera, entre miles de otros sombreros que ha usado a lo largo de su vida. Por eso yo nunca vi a la maternidad como una condición intrínseca de las mujeres, si no como una decisión, similar a tantas otras que tomamos a lo largo de nuestras vidas. La vida cambia, los humanos crecemos y evolucionamos y la maternidad y el matrimonio no deberían estar exentos de esa evolución. Tantas cosas han cambiado en los últimos años, ¿por qué no cambiar estos roles también?

Vanessa Terán es una periodista ecuatoriana, editora de Zoila (una plataforma de ensayos de mujeres) y creadora de la guía intrépida (guía de viaje de Nueva York). Conoce más de su trabajo en www.soylazoila.com y en su multifacética cuenta de Instagram.

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