fbpx

UNA NOTA SOBRE MALCRIAR A LOS HIJOS

Find the english version of this post below 🙂

Niños malcriados, mimados, engreídos, consentidos, malacostumbrados, maleducados, groseros. Como quieran llamarlos. Es un tema que nos preocupa a todos los padres. Hemos visto extremos y mil teorías y a veces no sabemos qué creer. Todos tenemos ese niño conocido malcriado que vemos perplejos y decimos “oh dios, no puedo dejar que mi hijo sea así.” Pero al final de cuentas, no sabemos qué hacer exactamente para que nuestros hijos no sean malcriados. No sabemos qué hacer a nivel emocional ni a nivel material y oímos tantas opiniones que es muy difícil escoger un camino.

Lamentablemente, este post no es para darles un antídoto a la malcriadez. Me temo que no lo tengo todavía. Este post es solo para compartirles un texto de un libro que leí y que me llegó muchísimo, que estuve de acuerdo con cada palabra y que me apaciguó mucho. Sofía tiene casi 3 años y el día a día cada vez es más complicado, retador y demandante. Es una constante lucha entre lo que ella quiere hacer (que es jugar todo el día y comer dulces) y lo que yo quiero que haga o lo que sé que es bueno para ella. Esto generalmente lleva a comportamientos y berrinches que son luces rojas y sirenas para mí y siempre tengo un pensamiento constante debajo de todo: “Sofía está malcriándose.”

Pero cuando leí este texto (y el libro completo, en realidad) encontré una calma y un norte que se ha quedado conmigo y que recuerdo en el día a día. Además, cuando un autor de libros de niños cita a los Rolling Stones, sabes que estás en buenas manos. Así que me tomé el tiempo de copiarlo y traducirlo (y resistí las ganas de ponerlo todo en negrillas y subrayado) para compartirlo aquí. Espero que les de luces como a mí:

[Solo para darles un poco de contexto, este libro trata sobre disciplinar a los niños a través de una conexión emocional y física y acompañarlos en sus momentos de tensión, en vez de castigarlos, ignorarlos o malcriarlos.]

» Malcriar no se trata de cuánto tiempo, amor y atención le das a tus hijos. No puedes malcriar a tus hijos dándoles demasiado de ti mismo. De la misma manera que no puedes malcriar a un bebé abrazándolo demasiado o respondiendo a sus necesidades cada vez que las expresa.

Las autoridades de crianza alguna vez les dijeron a los padres que no cargaran en brazos demasiado a sus bebés para no malcriarlos. Hoy en día sabemos que esto es incorrecto. Atender y calmar a un niño no lo malcría. Pero no atenderlo o calmarlo cría a un niño inseguro y ansioso.

Alimentar tu relación con tu hijo y brindarle consistentemente las experiencias que le hacen creer que siempre tiene derecho a tu amor y afecto es exactamente lo que debemos hacer. En otras palabras, queremos que nuestros hijos sepan que siempre pueden contar con nosotros para satisfacer sus necesidades.

Malcriar, en cambio, ocurre cuando los padres (u otros cuidadores) crean el mundo del niño de tal manera que el niño se siente con derecho a siempre salirse con la suya, a obtener lo que QUIERE exactamente cuando lo quiere, que todo debería venirle fácilmente y que todos deberían hacer las cosas por él.

Queremos que nuestros niños sepan que vamos a entender sus NECESIDADES y atenderlas constantemente. Pero no queremos que nuestros hijos esperen que siempre cumplamos sus DESEOS Y CAPRICHOS.

Daniel J. Siegel, Tina Payne Bryson. No-Drama Discipline.

Parafraseando a los Rolling Stones, queremos que nuestros hijos sepan que obtendrán lo que necesitan, aunque no siempre puedan obtener lo que quieren…

La definición del diccionario de malcriar es «arruinar o dañar al personaje o la actitud por excesiva complacencia o elogio». Por supuesto que podemos malcriar cuando les damos demasiadas cosas a nuestros hijos, gastamos demasiado dinero en ellos o les decimos que sí a todo. Pero también ocurre cuando les damos a los niños la sensación de que el mundo gira a su alrededor y que todas las personas servirán a sus caprichos.

¿Es más probable que la generación actual de padres malcríe a sus hijos que las generaciones anteriores? Muy posiblemente. Vemos esto más comúnmente cuando los padres protegen a sus hijos de cualquier reto, lucha o sufrimiento. Los sobreprotegen de las decepciones y dificultades. Los padres a menudo confunden la indulgencia por un lado, con el amor y la conexión por el otro.

Si los padres a su vez fueron criados por padres que no eran emocionalmente sensibles y cariñosos, a menudo experimentan un deseo bien intencionado de hacer las cosas de manera diferente con sus propios hijos. El problema aparece cuando complacen a sus hijos dándoles más y más cosas y protegiéndoles de las luchas y la tristeza, en lugar de ofrecer generosamente lo que sus hijos realmente necesitan y lo que realmente importa: su amor, conexión, atención y tiempo, mientras sus hijos luchan, enfrentan y superan las frustraciones inevitables de la vida.

Hay una razón por la que nos preocupamos por malcriar a nuestros hijos dándoles demasiadas cosas. Cuando a los niños se les da lo que quieren todo el tiempo, pierden oportunidades para desarrollar resiliencia y aprender importantes lecciones de vida. Sobre retrasar o demorar la gratificación, sobre tener que trabajar por algo, sobre cómo lidiar con la decepción. Tener un sentido de que se merecen todo porque sí (entitlement), en vez de una actitud de gratitud, puede afectar sus relaciones interpersonales en el futuro cuando empiezan a interactuar con los demás con esa actitud. También queremos darles a nuestros hijos el regalo de aprender a superar experiencias difíciles. No le estamos haciendo ningún favor a nuestro hijo cuando encontramos su tarea sin terminar en la mesa de la cocina y la completamos nosotros mismos antes de llegar a la escuela para protegerlos de enfrentar las consecuencias naturales de una tarea tardía, o cuando llamamos a otro padre para pedirle una invitación a una fiesta de cumpleaños que nuestro se enteró pero no fue invitado. Estas respuestas crean una expectativa en los niños de que experimentarán una existencia sin dolor y, como resultado, pueden ser incapaces de controlarse cuando la vida no se desarrolla como esperaban.

Otro resultado problemático de malcriar es que se elige la gratificación inmediata, tanto para el niño como para el padre, sobre lo que es mejor para el niño. A veces nos excedemos o decidimos no poner un límite porque es más fácil en el momento. Decir que sí a ese segundo o tercer dulce del día podría ser más fácil a corto plazo porque evita un berrinche. Pero ¿y mañana? ¿Se esperarán golosinas también? Recuerda, el cerebro hace asociaciones de todas nuestras experiencias. En última instancia, malcriar nos hace la vida más difícil como padres porque constantemente tenemos que lidiar con las exigencias o los berrinches que se producen cuando nuestros hijos no obtienen lo que esperan, salirse con la suya todo el tiempo.

Los niños malcriados a menudo crecen a ser infelices, porque las personas en el mundo real no responden a cada uno de sus caprichos. Les cuesta más apreciar las alegrías más pequeñas y el triunfo de crear su propio mundo si otros siempre lo han hecho por ellos. La capacidad y auto confianza no provienen del éxito de obtener lo que queremos, sino de nuestros logros reales de lograr el dominio de algo por nuestros propios medios. Además, si un niño no ha practicado lidiar con las emociones que vienen al no obtener lo que quiere y luego adaptar su actitud y consolarse, será más difícil hacerlo más adelante cuando las decepciones de la vida se hagan más grandes.

Lo que estamos diciendo es que los padres tienen razón en preocuparse por malcriar a sus hijos. La indulgencia excesiva no ayuda a los niños, no ayuda a los padres y no ayuda a la relación. Pero malcriar no tiene nada que ver con conectarse con su hijo cuando está molesto por tomar malas decisiones (en un berrinche, por ejemplo). Recuerda, no puedes malcriar a un niño dándole demasiada conexión emocional, atención, afecto físico o amor. Cuando nuestros hijos nos necesitan, tenemos que estar ahí para ellos.

En otras palabras, la conexión no consiste en malcriar a los niños, mimarlos o inhibir su independencia. Cuando les sugerimos conexión, no respaldamos lo que se conoce como padres helicópteros, donde los padres sobrevuelan las vidas de sus hijos, protegiéndolos de toda luchas y tristeza. La conexión no se trata de proteger y rescatar a los niños de la adversidad. La conexión se trata de pasar el tiempo difícil con nuestros hijos y estar ahí para ellos cuando están sufriendo emocionalmente, tal como lo haríamos si se rasparan la rodilla y sufrieran físicamente. Al hacerlo, en realidad, estamos construyendo independencia, porque cuando nuestros hijos se sientan seguros y conectados y les ayudemos a desarrollar habilidades relacionales y emocionales (…) se sentirán cada vez más listos para asumir cualquier cosa que la vida les dé en el camino.»

Texto del libro No-Drama Discipline de Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson. Pueden encontrar el link al libro aquí.

English version:

A Note on Spoiling Our Children

Spoiling children is a topic that concerns all parents. We have seen all kinds of extremes and heard a thousand theories and still don’t know what to believe. We all know that spoiled rotten kid that we watch perplexed while we say to ourselves «oh, my god, I’m never going to let my kid be like that.» But at the end of the day we don’t know exactly what to do to not spoil our children.

Unfortunately, this post will not give you an antidote for spoiling. I’m afraid I don’t have it yet. This post is just to share with you an excerpt from a book I read that really got to me. I agreed with every word and it appeased me greatly. Sofía is almost 3 years old and our day to day has gotten much more challenging and demanding. It’s a constant struggle between what she wants to do (which is play and eat treats all day) and what I want her to do or what I know is good for her. This generally leads to behaviors and meltdowns that are like fire and sirens to me and I always have that underlying thought: «she is getting spoiled.»

But when I read this excerpt (and the whole book, really) I found calm and comfort in it and remember it everyday. Besides, when an author quotes the Rolling Stones talking about discipline, you know you’re in good hands. So I took the time to type it, to translate it to Spanish (above) and resisted the urge to highlight and bold it all, so I could share it here. I hope it sheds some light on the subject for you the way it did for me:

[Just to give you a little context, this book is about disciplining children through a strong emotional and physical connection, and accompanying them in their moments of struggle and tension, instead of punishing, ignoring or spoiling them.]

«Spoiling is not about how much love, time and attention you give your kids. You can’t spoil your children by giving them too much of yourself. In the same way you cant spoil a baby by holding her too much, or responding to her needs each time she expresses them.

Parenting authorities at one time told parents not to pick up their babies too much, for fear of spoiling them. We now know better. Responding to and soothing a child does not spoil her. But not responding to or soothing her creates a child who is insecurely attached and anxious.

Nurturing your relationship with your child and giving her the consistent experiences that form the basis of her accurate belief that she’s entitled to your love and affection is exactly what we should be doing. In other words, we want to let our kids know that they can count on getting their needs met.

Spoiling, on the other hand, occurs when parents (or other caregivers) create their child’s world in such a way that the child feels a sense of entitlement about getting her way, about getting what she WANTS exactly when she wants it, and that everything should come easily to her and be done for her.

We want our kids to expect that their NEEDS can be understood and consistently met by us and by others. But we don’t want our kids to expect that their DESIRES AND WHIMS will always be met.

Daniel J. Siegel, Tina Payne Bryson. No-Drama Discipline.

To paraphrase the Rolling Stones, we want our kids to know that they’ll get what they need, even if the can’t always get what they want…

The dictionary definition of spoil is “to ruin or do harm to the character or attitude by overindulgence or excessive praise.” Spoiling can of course occur when we give our kids too much stuff, spend too much money on them or say yes all the time. But it also occurs when we give children the sense that the world and people around them will serve their whims.

Is the current generation of parents more likely to spoil their kids than previous generations? Quite possibly. We see this most commonly when parents shelter their children from having to struggle at all. They overprotect them from disappointments or difficulties. Parents often confuse indulgence on one hand, with love and connection on the other.

If parents themselves were raised by parents who weren’t emotionally responsive and affectionate, they often experience a well meaning desire to do things differently with their own kids. The problem appears when they indulge their children by giving them more and more stuff and sheltering them from struggles and sadness, instead of lavishly offering what their kids REALLY need and what really matters: their love and connection and attention and time, as their children struggle and face the frustrations that life inevitably brings.

There’s a reason we worry about spoiling our kids by giving them too much stuff. When kids are given whatever they want all the time, they lose opportunities to build resilience and learn important life lessons. About delaying gratification, about having to work for something, about dealing with disappointment. Having a sense of entitlement as opposed to an attitude of gratitude can affect relationships in the future when the entitled mindset comes across to others. We also want to give our children the gift of learning to work through difficult experiences. We’re doing our child no favor when we find his unfinished homework on the kitchen table and complete it ourselves before running it up to school to protect them from facing the natural consequences of a late assignment, or when we call another parent to ask for an invitation to a birthday party that our child caught wind up but was not invited to. These responses create an expectation in children that they’ll experience a pain free existence and as a result, they may be unable to handle themselves when life doesn’t turn out as they anticipated.

Another problematic result of spoiling is that it chooses immediate gratification for both child and parent over what’s best for the child. Sometimes we overindulge or decide not to set a limit because it’s easier in the moment. Saying yes to that second or third treat of the day might be easier in the short term because it avoids a meltdown. But what about tomorrow? Will treats be expected then, as well? Remember, the brain makes associations from all of our experiences. Spoiling ultimately makes life harder on us as parents because we’re constantly having to deal with the demands or meltdowns that result when our kids don’t get what they’ve come to expect, that they’ll get their way all the time.

Spoiled children often grow up to be unhappy, because people in the real world don’t respond to their every whim. They have a harder time appreciating the smaller joys and the triumph of creating their own world if others have always done it for them. True confidence and competence come not from succeeding at getting whatever we want, but from our actual accomplishments in achieving mastery on something on our own. Further, if a child hasn’t had practice dealing with the emotions that come with not getting what she wants and then adapting her attitude and comforting herself, it’s going to be quite difficult to do so later when disappointments get bigger.

What we’re saying is that parents are right to worry about spoiling their kids. Overindulgence is unhelpful for children, unhelpful for parents, and unhelpful for the relationship. But spoiling has nothing to do with connecting with your child when he’s upset of making bad choices. Remember, you can’t spoil a child by giving him too much emotional connection, attention, physical affection, or love. When our children need us, we need to be there for them.

Connection, in other words, isn’t about spoiling children, coddling them or inhibiting their independence. When we call for connection were not endorsing what’s become known as helicopter parenting, where parents hover over their children’s lives, shielding them from all struggles and sadness. Connection isn’t about rescuing kids from adversity. Connection is about walking through the hard time with our children and being there for them when they’re emotionally suffering, just like we would if they scraped their knee and were physically suffering. In doing so we’re actually building independence, because when our children feel safe and connected and when we’ve helped them build relational and emotional skills (…) they’ll feel more and more ready to take on whatever life throws their way.»

Excerpt from the book No-Drama Discipline by Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson. You can find the link to the book here.

¿Tienes preguntas o comentarios?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

1 Comment
  • Gabriela
    junio 17, 2019

    Muchísimas gracias por compartir este artículo con nosotros! La verdad en muchas ocasiones he pasado por la misma situación en que pienso si estoy malcriando a mi hijo (tiene la misma edad que Sofía) pero después aplico la respiración profunda y me quedo más tranquila. Me ayudo muchísimo a reflexionar.